Latinoamérica. ConsorcioTec, el consorcio de compras para los integradores de América Latina, realizó la tercera versión de ConsorcioTec Online, un evento periódico para integrar a los miembros e impulsar sus ventas a partir de una capacitación constante en temas de actualidad sobre mejores prácticas comerciales.
“La razón de hacer estos encuentros es para ayudar a nuestros afiliados, que ya son 70 firmas de integración, a entender cuáles son las necesidades del cliente final; tanto de seguridad como de multimedia”, afirmó Max Jaramillo, Chief Integrator Advocate de ConsorcioTec en el comienzo del encuentro.
En esta sesión, llevada a cabo el pasado 1 de octubre, participaron 58 personas —la mayor parte integradores de sistemas tecnológicos—. Allí se abordó el tema de cómo elegir al integrador de proyectos. Para ello intervinieron Eduardo Téllez, CSO de Liomont; Álvaro Pardo, director de comunicaciones del Centro Mundial de Avivamiento, e Iván Gustavo Islas, subdirector de prevención de pérdidas para logística y transportes de Liverpool.
Precisamente, Eduardo Téllez fue el primero en comentar que Liomont, una de las empresas líderes del sector farmacéutico, con una de las plantas más modernas de América Latina, por lo general cuenta con tres integradores para hacer una licitación. “Así podemos comparar su capacidad tecnológica y desarrollo”, destacó Eduardo.
No obstante, al asumir el proyecto de crecer desde cero una nueva planta para fabricar la vacuna contra el COVID-19 de AstraZeneca, la compañía decidió innovar. “Queríamos ser lo mejor en fabricación de medicamentos desde el punto de vista de seguridad, y entonces buscamos a las empresas más adelantadas y ofreciendo lo último en tecnología”, destacó Eduardo.
“En ese momento, por la pandemia, no podíamos poner a negociar a tres empresas que vinieran y nos hicieran presupuesto; entonces nos basamos mucho en lo que nos recomendaron otras compañías, no necesariamente del sector farmacéutico, y así tomamos la decisión de con quién ejecutamos el proyecto”, reseñó.
Por su parte, en el caso del Centro Mundial de Avivamiento, al ser proyectos más focalizados, Álvaro Pardo señala que cuentan con dos frentes: “Hay un desarrollo in-house que se vuelve casi como integradores internos, y hay un trabajo que requiere un integrador externo”, anota.
Para evaluar el sistema más efectivo en la transmisión en simultánea a las 60 sedes (que incluye cinco países de Sudamérica, dos de Centroamérica, Estados Unidos y la ciudad española de Barcelona) requirió el trabajo con un integrador para determinar cuál era el mejor por costo-beneficio para cumplir con la meta de proyectar en vivo sin retraso de tiempo.
“En ese caso, el integrador se escogió basados en la propuesta de valor que nos dieron, en el nivel de educación que nos podían dar acerca del tema y también en el proceso completo: desde la producción del material hasta el momento de la distribución del mismo”, apuntó Álvaro.
Iván Gustavo Islas coincidió en la elección de los integradores a partir de un proceso interno, y resaltó desde la experiencia de Liverpool que este parte de lo que se define en un plan de capacidades para determinar cuál es el grado de necesidad y las funciones que se deberán implementar.
“En antaño, eran los integradores los que ponían las soluciones, sin necesariamente atacar de facto la necesidad que el usuario final requería”, recordó Iván, quien destacó que previamente debe fijarse un estándar mínimo que debe cumplir cualquier proyecto, y de ahí determinar el nivel de especialización que se requiera al momento de contratar un integrador.
Esta es la grabación del panel: